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jueves, 24 de octubre de 2013

ARCHIvos Y ARCHIVEROS

Algunas autoridades culturales están fomentando una tarea que a los que practicamos la investigación histórica nos llena de alegría. Por fin, los archivos municipales, locales, parroquiales, gremiales, etc,  de muchas partes de España, han emprendido la labor de actualizarse.
En ello ha influido mucho las técnicas modernas, especialmente la digitalización, por lo que  dentro de muy poco, para consultar un archivo, no tendremos que manejar hojas de papel, que con el paso del tiempo, se quiebran o que al moverlas, despiden un polvillo que nos entra por la nariz y nos hace estornudar o carraspear (¡no digo nada lo que le ocurre a los alérgicos!). Ahora, consultaremos, gracias a Internet, desde nuestras casas, las copias digitales obtenidas de los originales, y estos estarán guardados a buen recaudo para que no sufran alteraciones, roturas, o lo que es peor, que sean hechos desaparecer por la codicia de algunos amigos de lo ajeno.
Pero hay otra iniciativa que conocí hace poco tiempo donde por diversos medios, hay archivos que han solicitado a los vecinos de sus respectivas poblaciones, fotografías del pueblo o comarca, especialmente esas en blanco y negro, que en aquellas épocas es lo que había. Estas fotos las presentan en el archivo y, de acuerdo con unas normas de la entidad, previamente fijadas respecto al interés de cada foto, se digitalizan en muy poco tiempo, devolviendo a los propietarios los originales.
Pero, a veces, y digo a veces gracias a Dios, porque no abundan, algunos archiveros se creen que el archivo es un bien personal y cuesta Dios y ayuda conseguir que te dejen ver alguna cosa.
Lo digo, por experiencia, hace varios años, quise consultar un archivo parroquial de nuestra provincia  y decidí ir expresamente a la población donde estaba ubicado. El sacerdote encargado del archivo, me puso escusas para no dejarme ver al archivo y “tomó nota” de mi consulta prometiéndome informarme rápidamente. Un mes después y, como no había recibido respuesta, decidí llamarle por teléfono y como contestación, me dijo que no había encontrado nada y que lo sentía.
¿No hubiese sido más correcto dejarme ver lo que yo pretendía y no responderme, como lo hizo, con muy pocas explicaciones?
Me han ocurrido otras incidencias, pero no quiero cansarles.
Pero también he consultado archivos, donde los archiveros,  me han facilitado toda clase de  datos a vuelta de correo, e incluso ampliando la información con detalles adicionales y que yo desconocía.
El refrán dice: “Hay de todo en la viña del Señor””

                         Ángel Custodio Rebollo

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