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lunes, 6 de mayo de 2013


Señoríos.
La Real Academia describe la palabra “Señorío” como: “Dominio o mando sobre una cosa./Territorio perteneciente al señor”. ¿Pero que fueron los señoríos em la época medieval?
Cuando se quería premiar a una persona, a alguien a quien les profesaba un personal cariño (amantes o concubinas) , a una orden militar, a una abadía o monasterio, a una diócesis, el regalo que hacia el rey, era el “Señorío” de aquellas tierras, aquella villa o núcleo de población, o un simple castillo. En la última época, por las circunstancias que explicaremos,  además de los “Señorios” se unía al galardón un título nobiliario.. Esta costumbre no fue solo del Medievo, porque continuó en toda la Edad Moderna.
El “Señorío” transfería una serie de derechos u obligaciones, especificadas en cada caso e incluso, en algunos, había limitaciones sobre la duración de algunas  prerrogativas.
.Las hazañas bélicas que se realizaron en Andalucía para su reconquista, fueron premiadas con este tipo de obsequios, lo que hizo que en nuestras tierras proliferaran los “Señoríos”de forma muy llamativa.
Estas donaciones alcanzaron cada vez una mayor importancia, lo que hizo que la nobleza se viera menospreciada por ello, con lo que las protestas de los nobles ante la monarquía, hizo que muchos de estos títulos fueran a parar a la hidalguía, aunque en la época de los Trastamara, hubo muchos “señoríos” que se concedieron acompañados de  la creación de un nuevo título nobiliario.
En nuestra provincia hubo muchas concesiones de señoríos, como la de Moguer, para los Portocarrero; la de Ayamonte, Lepe y la Redondela, para los Zuñiga; además que la de Gibraleón que en diferentes ocasiones, la ostentaron la familia La Cerda, los Stuñiga y el Duque de Béjar, que también pertenecía a una de estas familias.
Aunque el “Señorío” de mayor dimensión, más de cuatro mil kilómetros cuadrados, fue el otorgado por Alfonso XI y que fue repartido, la mitad para Leonor de Guzmán, que comprendía villas y aldeas de Sevilla, Cádiz y Córdoba y la otra mitad que fue para el infante Don Fernando, a quien se le otorgó el Señorío de Niebla. Hubo también “señoríos” eclesiásticos, como los de Zalamea y Almonaster al Arzobispado  de Sevilla.
Esta costumbre no solo se realizó en nuestro País, muchos de los países europeos efectuaron estas licencias, aunque utilizando otras denominaciones y formas.
                            Ángel Custodio Rebollo

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