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miércoles, 4 de junio de 2014


Donaciones o regalos

by maripazmoguer
Alfonso X El Sabio.
Alfonso X El Sabio.
Ángel Custodio Rebollo. Antes que llegara El Corte Inglés también existía la cultura del regalo, pero como siempre el obsequio estaba y está supeditado al poderío económico. En tiempos pasados nada más lo hacían los poderosos, por lo que  era frecuente, en aquellos  tiempos, que los reyes  obsequiasen  con ducados y condados a los caballeros que les habían prestado excepcionales servicios, y también era corriente que la reina recibiese de su esposo señoríos y posesiones de tierras o ciudades, para su disfrute.
Doña Beatriz de Guzmán, reina de Portugal, hija bastarda de Alfonso X El Sabio, recibió de su padre el Señorío de Huelva, Niebla, Ayamonte, Gibraleón  y varias villas de nuestro entorno. También recibieron el Señorío de Huelva; Diego López de Haro, señor de Vizcaya;  Juan Mathe de Luna, camarero mayor,  armero y privado de Alfonso X;  Alonso Méndez de Guzmán;  María de Padilla, que se la donó Pedro I;  Bernardo de Bearne e  Isabel  de la Cerda, y de la familia La Cerda, pasó a la Casa de Medina Sidonia.
Pero no siempre se consiguió la propiedad por donación, porque Vataça Lascaris,  princesa bizantina y aya de los hijos del rey Fernando IV de Castilla,  fue Señora de Huelva con su castillo,  por compra a los herederos de López de Haro, por 240.000 libras de moneda blanca.
Pero  lo insólito , a mi modesto criterio, fue lo del Ministro Godoy, que por Real Orden de 12 de diciembre de 1804, regaló a su amante, Pepita Tudó, (que vivía en Sanlucar y con la que después contrajo matrimonio), la creación de una provincia  que se denominó “Provincia y Consulado Marítimo de Sanlucar de Barrameda”, que incluía los  municipios de,  Lebrija, Las Cabezas, Trebujena, Chipiona, Villamanrique, Villanueva del Alcor, La Palma, Bollullos del Condado, Almonte, Gibraleón, San Bartolomé de la Torre, Villanueva de los Castillejos, San Silvestre, Villablanca, Ayamonte, La Higuerita, La Redondela, La Futa, Lepe, Cartaya, San Miguel del Arca del Buey, Aljaraque, Rincón, Huelva, San Juan del Puerto, Moguer y Palos.
La creación de esta provincia, enervó a las autoridades de Sevilla y Cádiz, y solo tuvo vigencia hasta el año 1808.
Estos son apuntes sobre la historia de nuestra provincia que, lamentablemente y salvo casos excepcionales, no enseñan a nuestros escolares.

jueves, 8 de agosto de 2013

MI ABUELO Y CUBA

Yo siempre había oído aquello de que mi abuelo materno estuvo luchando en la guerra de Cuba, la fatalidad es que cuando quise averiguar lo que hizo en aquella guerra mi abuelo, los que podían aclarármelo ya habían fallecido, teniendo en cuenta que mi madre me había informado poco sobre ello, porque su padre había muerto cuando ella solo contaba dos años.
Hace unos meses me puse manos a la obra y escribí al Ministerio de Defensa para ver si podía conocer el historial de mi abuelo Felipe, y me indicaron que me pusiera en contacto con el Archivo Militar de Guadalajara. De Guadalajara me informaron que los datos sobre la contienda cubana los tenían en el Instituto de Historia y Cultura Militar Segovia.
Por fin, recibo desde Segovia carta en la que me informan el importe de las fotocopias certificadas del expediente del Abuelo, para lo que envié un giro y por fin llega a mi poder la tan esperada documentación.
Me he enterado que mi abuelo pertenecía a Infantería de Marina que tenía el nº 477 del reemplazo de 1893 y que debía que prestar servicio militar por un periodo de doce años. Aunque mi bisabuelo intentó redimir este servicio a metálico, la petición fue denegada por la Reina y en su nombre el Ministro de Marina
Estaba destinado en el 2º Batallón de Pinar del Río y a las 6 de la tarde del 12 de septiembre de 1896 ingresó en la 3ª Sala del Hospital Militar de Pinar del Río con fiebres intermitentes. El 8 de octubre de dicho año fue trasladado al Hospital de La Habana para continuar su curación.  Ni de la salida de la Habana ni del licenciamiento existen documentos en el expediente.
Pero tengo la satisfacción de saber que hizo en la guerra de Cuba mi abuelo Felipe, al que desgraciadamente no conocí.

                                                       Ángel Custodio Rebollo.

domingo, 12 de mayo de 2013


BIENES DE DIFUNTOS

Cuando fallecía alguno de los que emigraron a América en la época colonial y para solucionar el problema que significaba el tener que hacer llegar a sus familiares los bienes que poseían, se creo una formula que resultó muy satisfactoria y fue la denominada de los autos de los bienes de difuntos.
Al fallecer alguien que residía en el Nuevo Mundo, se iniciaba el expediente en el Juzgado de Indias y los bienes que poseía el finado se vendían en aquellas tierras en publica subasta, y el dinero resultante de la venta de los bienes y pertenencias del fallecido, una vez descontados los gastos ocasionados incluido los del enterramiento, se procedía a enviar el liquido resultante a la Casa de Contratación y ésta efectuaba los trámites para entregarlos a los familiares del fallecido o en su caso, a los beneficiarios del legado, si existía testamento.
Ese era, a grandes rasgos, el sistema que se utilizó y  como muchos de los que allí fueron, dejaron sus bienes para su familia, su pueblo o su alma, pues muchos destinaban cifras importantes a misas y capellanías para su salvación eterna.
El licenciado Diego Rodríguez de Estrada era un clérigo nacido en San Juan del Puerto, en la provincia de Huelva, que falleció en México y en su deseo que el pueblo que le vio nacer progresara culturalmente, legó sus bienes para que se fundara una cátedra de gramática y se enseñara gratuitamente  a los naturales de San Juan.
Al morir el licenciado, los bienes quedaron depositados en poder del Obispo de Guatemala Don Bartolomé González Soltero. Después de los trámites reglamentarios llegaron a Sevilla en julio de 1654 procedentes de Nueva España, y tras un pleito con Hacienda, el 21 de octubre de 1680 los 894.000 maravedíes de plata pasaron a poder del Cura Párroco de San Juan y patrono de la Cátedra, Jerónimo Contreras.
En 1681 los hijos de esta villa iniciaron los estudios gratuitamente, instalándose la voluntad del difunto e impartiéndose clases de gramática, incluida la lengua latina y las cuatro reglas de aritmética. Todo ello vigilado por los sacerdotes de San Juan del Puerto, con la colaboración de los Jesuitas del Convento de Trigueros, que fue el deseo expresado por Diego Rodríguez de Quesada. 
                                                                    Ángel Custodio Rebollo