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miércoles, 18 de diciembre de 2013

DE LA GARZA


Este apellido ha sido una constante de mis investigaciones, por mis artículos en Odiel sobre la familia compuesta por Marcos Alonso y Constanza de la Garza, de Lepe, que según mis datos marcharon a América, con sus hijos Isabel, Luisa, Constanza, Melchor, Sebastián y Francisco. Figuraban como criados el Licenciado Álvaro García de Navia y partieron en 1566. En mis referencias Marcos Alonso había nacido en 1525 y Constanza en 1529.
Los diferentes artículos sobre esta familia publicados en Odiel Información, que después reprodujo la revista de Internet “Somos Primos”, que se edita en Florida, hizo que recibiese muchos correos electrónicos solicitándome ampliación de los datos publicados y ofreciéndome a su vez lo que los interlocutores poseían para ampliar mis conocimientos sobre el tema. Los correos llegaban de Texas, Florida, México, California, Monterrey, etc, ya que el apellido “de la Garza” ó “Garza” simplemente, esta muy extendido por el sur de los Estados Unidos y norte de México.
Intenté investigar en el Archivo Parroquial de Lepe, sin encontrar nada, ya que según me dijeron, parte de este archivo fue expoliado en el siglo XIX y también sufrió destrozos con la guerra civil de 1936.
Pero hace pocos días, mi amigo tejano George de la Garza, me envió un e-mail informándome que en un libro sobre los conquistadores judío-cristianos de Monterrey se decía que Constanza de la Garza y su hermano Antonio, fueron quemados a muerte por la Inquisición en las Islas Canarias como resultado de un Auto de Fe celebrado en 1526.
Aunque mis referencias daban como fecha del  nacimiento de Constanza 1529, ya sabemos que en aquellos tiempos los errores en los escritos eran muy frecuentes, pero si fue quemada en la hoguera en 1526, no pudo marchar a América en 1566. Surgen muchas dudas por conocer si había mas de una Constanza de la Garza
He consultado al Archivo de Canarias y me informan que el proceso referente no se conserva en el archivo inquisitorial y que la procesada fue relajada en 1526 cuando ya había fallecido.
Seguiré investigando porque el tema lo merece.

                                                         Ángel Custodio Rebollo.

domingo, 13 de octubre de 2013

Cólera en Huelva

Hace días estuve leyendo un texto de un ministro de Fernando VII, llamado Juan Gualberto González Bravo, en el que describe una epidemia de cólera que azotó a nuestro País a principios del siglo XVIII, pero con especial incidencia en la zona de Huelva, que este ministro conocía muy bien, ya que había nacido en Encinasola.
El cólera, una enfermedad de carácter epidémico que desde los tiempos más remotos había atacado a la humanidad, aunque hay que tener en cuenta que en algunas ocasiones cuando comenzaban los síntomas en la población, las medidas que se tomaban eran muy drásticas e incluso en algunos casos contraindicadas para solucionar el problema.
Por eso, el leer  el informe publicado del Sr. González Bravo, despertó nuestro interés y nos da una idea de cómo se vivía una epidemia en aquellos tiempos, cuando no había vacunas, las medicinas descubiertas eran muy escasas y a la higiene no se le dedicaba una gran importancia.
Esta epidemia a que nos referimos vino desde Portugal donde llevaban tiempo padeciéndola. El primer caso en nuestro País fue en Huelva, y en los primeros días cayeron enfermas trece personas, de la cuales fallecieron cinco, por lo que la primera medida que tomaron fue acordonarla por la tropa, para que no entrase ni saliese nadie, salvo las personas que perteneciesen  a la sanidad municipal, porque las autoridades regionales o estatales, inmediatamente las sacaban de las poblaciones infectadas.
También se establecía un cordón de vigilancia  en los pueblos situados a diez leguas de las poblaciones afectadas.
A los barcos se les prohibía la salida al mar, y en este caso concreto, se impidió que los barcos de vela  navegasen por el Tinto y el Odiel
El mal se extendió con rapidez a toda la costa onubense, siguió a Sevilla y allí una de las primeras medidas que se tomaron fue que el Capitán General y las autoridades provinciales abandonasen la ciudad y en ella solo permanecieran los mandos locales y municipales. La Junta de Sanidad provincial también saldría de la población y en ella solo permanecería la local.
Con estas medidas dejaban totalmente aislada a la población afectada y los responsables los veían desde muy lejos.
Otro tema muy controvertido era el método a emplear para la curación de la enfermedad y para conseguir la erradicación de la epidemia. Por ejemplo, cuando se iniciaron los primeros casos en Huelva, al principio se imputó a un cólico, argumentando que se  produjeron en una comida para celebrar una boda, en la que se habían utilizado vasijas de cobre mal estañadas. Después, cuando se vio que la padecían personas que no habían estado en la fiesta, se abandonó este diagnostico.
Los síntomas de los enfermos eran espasmos, calambres, vómitos y pulso leve y se les aplicaba, además de sangrías, fricciones de aguardiente alcanforado con una bayeta o cepillo, le administraban infusiones de té, salvia, manzanilla o hierba luisa
Como a “todo trapo” se  quería evitar que la epidemia llegase a Madrid, se colocaron sendos destacamentos militares; uno en Santa Elena, en Jaén y otro en Almaraz, en Cáceres, para impedir el paso de viajeros.
La enfermedad remitió, pienso que por medios naturales, y después hubo que apoyar económicamente a las zonas que mas lo habían padecido y visto diezmada la población, ya que el numero de fallecidos fue muy considerable.
Debemos agradecer el escrito del ministro, por lo detallado que nos ha llegado la forma y medidas utilizadas en aquella época para combatir una epidemia.
                             Ángel Custodio Rebollo